Esta noche no podía dormir, otra vez el insomnio. La cama es demasiado dura, demasiado grande, está demasiado vacía. O mi mente está demasiado llena, quien sabe. Me he levantado a por el remedio infalible, leche calentita, cuando he tropezado con la gata. Lleva unas noches cazando ratones invisibles, la oigo correr y rascar las paredes mientras intento dormir. Hoy por fin he descubierto a su presa imaginaria. Estaba en un rincón, debajo de la mesita, agazapado y temblando de miedo. Era un duende de los deseos. Por salvarle me ha concedido uno, pide lo que quieras. Puedes tener riquezas, sabiduría, belleza, éxito, ¿qué es lo que más deseas?. Así que después de pedir mi deseo más preciado he vuelto a la cama y por fin he podido dormir, acurrucada entre tus brazos, escuchado el rítmico sonido de tu respiración.
martes, 31 de marzo de 2009
Insomnio
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1 comentario:
Pero no estás herida de gravedad, ¿no? A ver ese duende de los deseos, si los cumple dentro de poco y no tarda tanto como las promotoras en dar los pisos...
Un besote, y a dormir como cuentas, que es más fácil.
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